Antes de ascender a los cielos, Jesucristo
encargó a sus discípulos con una misión, “Y les dijo: Id por todo el mundo y
predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será
salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Mar. 16:15,16). Con esta
sencilla comisión, fueron enviados y el mundo cambió para siempre. La fórmula
para la salvación se presenta en sus términos más sencillos: Creencia +
Bautismo = Salvación. Sin embargo, aunque pocos defienden la salvación sin fe,
muchos cuestionan y contradicen la necesidad del bautismo. Si dejamos que la Biblia sea su propio
intérprete, podemos contemplar declaraciones, explicaciones, comentarios y
ejemplos, sobre lo que Cristo había dicho respecto al bautismo y la salvación. Precepto. El precepto es un mandato u orden que
establece una regla, norma o instrucción, y que se debe cumplir en la forma especificada.
Hay muchas motivaciones inapropiadas por las cuales las personas son bautizadas.
Sin embargo, el bautismo bíblico es precedido por hechos que se deben creer de
todo corazón (cf. Hech. 8:37). En otras palabras, mientras que algunos se
bautizan porque creen que ya son salvos, es decir, por la salvación; el
bautismo bíblico es para salvación (1 Ped. 3:21; cf. Hech. 22:16).
Mientras que algunos se bautizan motivados por un evangelio diferente (Gal.
1:6,9), la salvación resulta solamente para los que se bautizan creyendo el
evangelio de Cristo (Mar. 16:15,16). El Nuevo Testamento nos informa que el
bautismo bíblico es precedido por la enseñanza del evangelio, lo cual produce la
convicción de pecado y el arrepentimiento por la fe en Jesucristo como Señor, motivando
al creyente a ser bautizado para el perdón de sus pecados (cf. Hech. 2:36-38).
Recuérdese que Cristo enseñó: Creencia + Bautismo = Salvación. Persona. Con la información anterior, este elemento es
fácil de captar. La persona apropiada para el bautismo es el creyente arrepentido.
En el libro Hechos aprendemos que los que creían en el evangelio se arrepentían
antes de ser bautizados (Hech. 2:36-38). Recibían la palabra y eran bautizados,
y el Señor los añadía al cuerpo de salvos (Hech. 2:41,47). Obviamente, los
bebés no pueden comprender el evangelio, ni elegir obedecerlo, además, no
tienen pecado que deban limpiar de sus almas, por lo tanto, los infantes no
deben ser bautizados. Los adultos que no reciben, es decir, que no aceptan, la
enseñanza adecuada sobre Jesucristo, o la manera en que los pecados son perdonados
por medio de él, tampoco debiesen bautizarse. Sencillamente, cualquier persona
que desee ser bautizada sin un verdadero conocimiento y fe en Jesucristo, o que
desee ser bautizada sin comprender el papel del bautismo en el proceso de
remisión de los pecados, no debiese bautizarse. Si tal persona se bautiza, se
moja, pero no es beneficiada por la inmersión. Según el Nuevo Testamento, la
persona que debe bautizarse es quien cree en Jesucristo conforme al mensaje del
evangelio, está arrepentido y desea servir al Señor, y comprende que el
bautismo en Cristo es esencial para su salvación. Práctica. Cuando hablamos de práctica nos referimos a la
aplicación. El bautismo bíblico tiene una forma o manera distintiva, es decir,
debe conformarse a lo revelado en el Nuevo Testamento para ser aceptable a
Dios. El rociamiento o aspersión no es bautismo. El bautismo debe ser,
necesariamente, una inmersión en el agua, inmersión que tipifica la muerte,
sepultura y resurrección de Jesucristo (cf. Col. 2:12; Rom. 6:4,5). El bautismo
requiere agua suficiente como para descender a ella y subir de ella (cf. Hech.
8:38,39). Un poco de agua no basta (cf. Jn. 3:23). Propósito. La sangre de Jesucristo es el precio de la
redención (Ef. 1:7). Somos lavados de nuestros pecados en su sangre (Apoc. 1:5)
y su sangre nos lava en el bautismo (Hech. 22:16). En el bautismo, los pecadores
del mundo son constituidos discípulos de Cristo, salvos en Cristo, y revestidos
de él (cf. Mat. 28:19,20; Mar. 16:16; Gal. 3:27). El bautismo nos salva (1 Ped.
3:21). Pablo escribió a los romanos: “¿O no sabéis que todos los que hemos
sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque
somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que
como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también
nosotros andemos en vida nueva” (Rom. 6:3,4). El bautismo válido a los ojos de Dios es el bautismo
según el modelo bíblico, este es el bautismo que cumple el objetivo por el cual
ha sido ordenado por el Señor. El bautismo bíblico está basado en los preceptos
correctos, tiene a un creyente arrepentido como la persona que será
sumergida, se practica como un entierro en agua tipificando la muerte,
sepultura y resurrección del Señor Jesucristo, con el propósito de
contactar la sangre redentora de Jesucristo.