El libro Apocalipsis parece estar fuera del
alcance de la comprensión de muchos, y por eso nunca lo estudian. Simplemente,
no creen poder entenderlo. Luego, algunos lo malinterpretan con facilidad, y
otros creen las más extravagantes afirmaciones y las repiten convencidos. El libro Apocalipsis es, en cierta forma, un
rompecabezas, porque si perdemos el panorama general, y queremos entender solo
algunas piezas de aquí y de allá, perdemos la clave para comprender el libro.
Admito que el libro no será fácil de comprender en todos sus detalles, pero la
idea general del Apocalipsis puede entenderse con facilidad, y luego,
descartando las teorías falsas, el libro se despliega ante nuestros ojos con
toda su luz. No es necesario distraernos con las teorías que
se han propuesto sobre el libro Apocalipsis. Eso no es práctico ni necesario.
¿De qué nos servirá conocer todo lo que se ha dicho sobre el libro sin conocer
el libro mismo? Sin embargo, si logramos comprender cosas tales como: el
mensaje central del libro, el auditorio original, la ocasión de la obra, y la
naturaleza del Apocalipsis, podremos reconocer las interpretaciones erróneas al
discernir cómo se apartan del verdadero mensaje. El libro Apocalipsis comienza con importantes
palabras respecto al autor: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio,
para mostrar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la dio a
conocer, enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan” (1:1, LBLA). Es
importante reconocer que es una revelación de Jesucristo, no de Juan (cf.
1:2,10). Es revelación, es decir, su propósito no es ocultar, ni confundir. El
sustantivo “apocalipsis” es una transliteración del griego “apokalupsis” que
quiere decir “un desvelamiento”, es decir, “una revelación” como bien traducen
las mejores versiones al español, “La revelación de Jesucristo” (1:1). El apocalipsis es una revelación para
bendecirnos: “Bienaventurado el que lee y los que oyen las palabras de la
profecía y guardan las cosas que están escritas en ella, porque el tiempo está
cerca” (1:3, LBLA). El libro Apocalipsis no fue concebido para ser
interpretado literalmente, como resulta evidente a todo estudiante de la Biblia
que se toma el tiempo para leerlo con cuidado. El apóstol Juan, afirma en
Apocalipsis 1:1 que su libro contiene un mensaje figurativo o simbólico: “la
declaró”. El verbo “declarar” (gr. “semaino”), es significar o simbolizar, es hablar
mediante señales o figuras. Por lo tanto, con esta información nos disponemos
para símbolos y figuras para las cuales Jesucristo mismo nos prepara en sus
parábolas (ej. Mat. 13), declaraciones (ej. Mat. 26:26,28), e ilustraciones
(ej. Jn. 10). Los que afirman que el libro debe interpretarse
literalmente no pueden hacerlo. Por ejemplo, los que insisten en que
Apocalipsis 7:4-8 y 14:3-4 deben interpretarse literalmente, rechazan la idea
de que se refiera a judíos literales, todos varones, todos solteros o vírgenes,
y todos siguiendo a un cordero literal. Así también, Apocalipsis 12 no podría
interpretarse literalmente bajo ningún método. La mujer descrita es de tamaño
enorme, al igual que el dragón. El dragón arroja con su cola un tercio de las
estrellas sobre la tierra, lo cual haría desaparecer a la tierra. No obstante,
el dragón es arrojado a la tierra y persigue a la mujer y a la descendencia de
ella. Luego, si la interpretación literal rige, Apocalipsis 14:20 requeriría
que la sangre fluyera más de 300 kilómetros llenando todos los valles,
barrancos, lagos, etc. Nuevamente, el sentido común nos indica que la
interpretación literal no podría aplicarse. Sencillamente, en el libro abunda
lo figurativo y simbólico. Un ejemplo más lo encontramos al final del libro,
Apocalipsis 20:1-6. Si los 1.000 años son literales, ¿por qué no es literal el
dragón gigante, cuya cola arrastra la tercera parte de las estrellas, que es
encadenado y encerrado en un abismo sellado por un ángel? Otro punto fundamental para interpretar el
libro Apocalipsis es el contexto histórico en el cual fue escrito y el
auditorio original que recibió el mensaje de este libro. El Apocalipsis fue
escrito para transmitir un mensaje a quienes vivían entonces; por lo tanto,
quienes intentan relacionarlo con eventos específicos de la presente época ignoran
la ocasión de este libro. Piénselo detenidamente. Ninguno en el auditorio
original se vería beneficiado por un mensaje de cosas que ocurrirían en
nuestros días. La verdad es que Juan escribió el libro pensando en los
cristianos de su tiempo. El Apocalipsis trata de cosas que para los lectores
originales sucederían pronto, porque el tiempo de la venida del Señor estaba cerca
(cf. Apoc. 1:1,3; 3:11; 22:6,7,10,12,20). Esta venida del Señor sería una de
juicio sobre sus adversarios. Considere como se insiste en una venida de Dios
en juicio, “que ha de venir” (1:4,8; 4:8); luego, observamos que el Señor ha
tomado su gran poder para reinar (11:17); y luego, vemos que el Señor ha
castigado la maldad (16:5). Aquellos que afirman “el Apocalipsis se está
cumpliendo hoy” ignoran el marco de tiempo, o contexto, en el cual se escribió
el libro, la intención del Señor para el auditorio original, y el mensaje
central del libro para llenar la necesidad inmediata de esos lectores
originales. En cuanto al propósito del Apocalipsis y su
mensaje básico, el libro se escribió para alentar a los cristianos perseguidos
bajo la roma pagana. La tribulación ya lo azotaba, y aún quedaba tiempo por
sufrir (Apoc. 2:10,13; 3:10; 6:11). Los perseguidos podrían preguntarse,
“¿Hasta cuándo Señor…?” (Apoc. 6:10), y el libro es una respuesta a ese clamor. El mensaje central del Apocalipsis guarda
relación con la idea de “vencer junto con el Cordero” (Apoc. 17:14). La idea de
“vencer en fidelidad” recorre el libro (2:7,11,17,26; 3:5,12,21; 13:7; 17:14;
21:7).