El apóstol Pablo dijo: “No quiero, hermanos,
que ignoréis acerca de los dones espirituales” (1 Cor. 12:1). Sin embargo,
a pesar de las enseñanzas del apóstol para que se entiendan los dones
espirituales, la ignorancia sobre ellos persiste y ha llevado a muchos a
enseñar y practicar cosas que la Biblia no enseña. La naturaleza misma de lo que recibieron los
primeros cristianos era espiritual. No eran dones naturales, sino
sobrenaturales o milagrosos. Esos dones cumplían las profecías sobre el
derramamiento del Espíritu Santo y las consecuencias inmediatas de ello (Jl.
2:28; Hech. 2:16-21), el Señor estaba obrando desde el cielo con señales,
prodigios y milagros (cf. Mar. 16:20; Heb. 2:4; Hech. 14:3). Pablo también escribió, “Pero a cada uno le
es dada la manifestación del Espíritu… Porque a éste es dada por el Espíritu…”
(1 Cor. 12:7,8). Aquí tenemos la razón para la palabra “dones”. Pablo afirma una
y otra vez que estos dones provenían de Dios, lo cual enfatizaba que su origen
estaba en la gracia de Dios (1 Cor. 12:4-13). Estas habilidades sobrenaturales
eran dadas por el Espíritu Santo, y manifestaban que el Espíritu Santo estaba
con quien las recibía. Sin embargo, no se podían exigir o elegir. Era el
Espíritu Santo quien elegía cual manifestación milagrosa será conferida (1 Cor.
12:7,11).
Características de estos dones
1. Eran dones sobrenaturales. Las habilidades innatas y
capacidades naturales no pueden considerarse dones espirituales. Por ejemplo,
se puede aprender a hablar un idioma extranjero mediante el estudio persistente
y la práctica continua, pero el don de hablar en leguas implicaba hablar un
idioma sin haberlo estudiado (cf. Hech. 2:5-13). 2. Tenían un propósito específico. Los primeros cristianos necesitaban
estos dones espirituales para la revelación y confirmación de la palabra de
Dios (cf. 1 Cor. 14:7,12,26). Pero, cuando la palabra fue revelada, confirmada
y escrita, lo que era “en parte” dio lugar a “lo perfecto” (1 Cor. 13:10). Los dones espirituales no eran para uso general,
sino para uso especial. Su propósito era revelar y confirmar la
palabra de Dios que iba revelándose (cf. Mar. 16:20; Hech. 14:3).
Sencillamente, el Espíritu Santo proporcionó a los hombres una revelación completa
como las señales milagrosas externas que la hicieron creíble. Si los mensajeros de Dios no hubieran logrado
confirmar su mensaje por evidencias sobrenaturales, nadie habría logrado creer que
Dios era el autor de tal mensaje. Por esta razón, el autor a los hebreos
preguntó: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan
grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue
confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con
señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo
según su voluntad” (Heb. 2:3,4). 3. La manera de recibirlos. Los apóstoles recibieron capacidad
sobrenatural conforme a la promesa del Señor Jesús: “Porque Juan ciertamente
bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro
de no muchos días… pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el
Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y
hasta lo último de la tierra” (Hech. 1:5,8), “Y fueron todos llenos del
Espíritu Santo” (Hech. 2:4). Estos embajadores de Cristo eran reconocidos
por las señales que acompañaban su predicación: “Con todo, las señales de
apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales,
prodigios y milagros” (2 Cor. 12:12). Los demás cristianos recibieron los
dones espirituales mediante la imposición de las manos de algún apóstol (cf.
Hech. 8:18; 19:6; 2 Tim. 1:6). 4. Eran diversos. Los nueve dones espirituales (1 Cor.
12:8-10) diferían entre sí. No todos lograban lo mismo. Pablo dijo: “hay
diversidad de dones… hay diversidad de operaciones” (1 Cor. 12:4,6). Podríamos
pensar que algunos dones eran inseparables o que lograban lo mismo, pero esto
no fue así. Por ejemplo, la “palabra de sabiduría” era distinta a la “palabra
de ciencia”. Por esta razón, Pablo escribió: “¿Son todos apóstoles? ¿son
todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de
sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? Procurad, pues, los dones
mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente” (1 Cor. 12:29-31). 5. Su duración fue limitada. Pablo escribió: “El amor nunca
deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la
ciencia acabará” (1 Cor. 13:8). Los primeros cristianos sabían que los
dones sobrenaturales dejarían de ser, se acabarían, y cesarían. Tales dones
fueron dados para la revelación y confirmación de la verdad en el desarrollo de
la iglesia naciente (cf. 1 Cor. 13:11), pero cuando la revelación fue
completada, los dones ya no fueron necesarios. Cuando la iglesia hubiese superado la niñez, lo
que era “en parte” sería superado por la venida de “lo perfecto” (1 Cor.
13:10). La mirada “oscuramente” y “en parte”, es decir, velada como en un
espejo metálico, sería superada por la visión “cara a cara” (1 Cor. 13:12). Por
esta razón, Pablo admitía que en ese tiempo él conocía parcialmente, “ahora
conozco en parte”; pero, cuando viniera “lo perfecto”, “conoceré como fue
conocido” (1 Cor. 13:10,12). Debido a que los apóstoles eran el vínculo
entre el Espíritu Santo y la iglesia en la dispensación de los dones, la muerte
de los apóstoles marcó la ruptura de dicho vínculo y el fin de los dones
milagrosos. La revelación completa y final de Dios está en
la Biblia, y ya no necesitamos los dones espirituales. Además, hay dos razones
por las cuales sabemos que los dones no están disponibles actualmente. En
primer lugar, no hay apóstoles de Cristo que impongan sus manos para conferir algún
don espiritual. En segundo lugar, ya no hay necesidad de alguna revelación que
requiera ser confirmada. 6. El caso de Cornelio y los que
estaban con él. Mientras
el apóstol Pedro predicaba el evangelio “el Espíritu Santo cayó sobre todos
los que oían el discurso” (Hech. 10:44). Lo que fue derramado del Espíritu
Santo se llamó “el don del Espíritu Santo” (Hech. 10:45; cf. Hech.
8:18). Entonces, Cornelio, sus parientes y amigos más íntimos (Hech. 10:24)
comenzaron a hablar en diversos idiomas (Hech. 10:46). Debido a que el don de
hablar en lenguas era una señal “para los incrédulos” (1 Cor. 14:22),
este derramamiento del Espíritu Santo tenía como propósito convencer a Pedro y
a los otros judíos con él (Hech. 11:12) que Dios también concedía el arrepentimiento
para vida a los gentiles (Hech. 11:17,18). 7. El bautismo en el Espíritu Santo
y los dones espirituales no eran lo mismo. El bautismo del Espíritu Santo sobre los apóstoles
de Cristo fue para capacitarles en la revelación del plan de redención a la
humanidad (cf. Ef. 3:4,5). Jesucristo había prometido a los apóstoles que el
Espíritu Santo los guiaría a toda la verdad y les recordaría lo que él les había
enseñado (Jn. 14:26; 16:7,13). No hay evidencia bíblica para asumir que esta
capacidad otorgada a los apóstoles haya sido recibida por otros cristianos en
el primer siglo. Es más, podemos asumir sobre la base de lo que la Biblia
enseña, que el Espíritu Santo en esa medida especial no fue prometido ni
recibido por nadie más que los apóstoles de Cristo. Los apóstoles de Cristo, mediante el bautismo
en el Espíritu Santo, fueron capacitados para transmitir dones espirituales
para que otros cristianos pudieran hablar con autoridad divina y realizar
milagros confirmatorios (cf. Hech. 6:5,6; 6:8,10; 8:6,7,13; 8:18).
Conclusión
Los dones espirituales pueden compararse con
los andamios de una construcción en desarrollo. Se requieren para levantar el
edificio. Pero, cuando ha finalizado la construcción del edificio, los andamios
ya no son necesarios, han cumplido su propósito. Que prestemos atención a lo que Dios ha dicho
sobre los dones espirituales en su palabra, la Biblia. “En cuanto a los
dones espirituales, no quiero, hermanos, que seáis ignorantes” (1 Cor. 12:1,
LBLA).