Los dones espirituales



Por Josué I. Hernández

 
El apóstol Pablo dijo: “No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales” (1 Cor. 12:1). Sin embargo, a pesar de las enseñanzas del apóstol para que se entiendan los dones espirituales, la ignorancia sobre ellos persiste y ha llevado a muchos a enseñar y practicar cosas que la Biblia no enseña.
 
La naturaleza misma de lo que recibieron los primeros cristianos era espiritual. No eran dones naturales, sino sobrenaturales o milagrosos. Esos dones cumplían las profecías sobre el derramamiento del Espíritu Santo y las consecuencias inmediatas de ello (Jl. 2:28; Hech. 2:16-21), el Señor estaba obrando desde el cielo con señales, prodigios y milagros (cf. Mar. 16:20; Heb. 2:4; Hech. 14:3).
 
Pablo también escribió, “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu… Porque a éste es dada por el Espíritu…” (1 Cor. 12:7,8). Aquí tenemos la razón para la palabra “dones”. Pablo afirma una y otra vez que estos dones provenían de Dios, lo cual enfatizaba que su origen estaba en la gracia de Dios (1 Cor. 12:4-13). Estas habilidades sobrenaturales eran dadas por el Espíritu Santo, y manifestaban que el Espíritu Santo estaba con quien las recibía. Sin embargo, no se podían exigir o elegir. Era el Espíritu Santo quien elegía cual manifestación milagrosa será conferida (1 Cor. 12:7,11).
 
Características de estos dones
 
1. Eran dones sobrenaturales. Las habilidades innatas y capacidades naturales no pueden considerarse dones espirituales. Por ejemplo, se puede aprender a hablar un idioma extranjero mediante el estudio persistente y la práctica continua, pero el don de hablar en leguas implicaba hablar un idioma sin haberlo estudiado (cf. Hech. 2:5-13).
 
2. Tenían un propósito específico. Los primeros cristianos necesitaban estos dones espirituales para la revelación y confirmación de la palabra de Dios (cf. 1 Cor. 14:7,12,26). Pero, cuando la palabra fue revelada, confirmada y escrita, lo que era “en parte” dio lugar a “lo perfecto” (1 Cor. 13:10).
 
Los dones espirituales no eran para uso general, sino para uso especial. Su propósito era revelar y confirmar la palabra de Dios que iba revelándose (cf. Mar. 16:20; Hech. 14:3). Sencillamente, el Espíritu Santo proporcionó a los hombres una revelación completa como las señales milagrosas externas que la hicieron creíble.
 
Si los mensajeros de Dios no hubieran logrado confirmar su mensaje por evidencias sobrenaturales, nadie habría logrado creer que Dios era el autor de tal mensaje. Por esta razón, el autor a los hebreos preguntó: “¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad” (Heb. 2:3,4).
 
3. La manera de recibirlos. Los apóstoles recibieron capacidad sobrenatural conforme a la promesa del Señor Jesús: “Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días… pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (Hech. 1:5,8), “Y fueron todos llenos del Espíritu Santo” (Hech. 2:4). Estos embajadores de Cristo eran reconocidos por las señales que acompañaban su predicación: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros” (2 Cor. 12:12). Los demás cristianos recibieron los dones espirituales mediante la imposición de las manos de algún apóstol (cf. Hech. 8:18; 19:6; 2 Tim. 1:6).
 
4. Eran diversos. Los nueve dones espirituales (1 Cor. 12:8-10) diferían entre sí. No todos lograban lo mismo. Pablo dijo: “hay diversidad de dones… hay diversidad de operaciones” (1 Cor. 12:4,6). Podríamos pensar que algunos dones eran inseparables o que lograban lo mismo, pero esto no fue así. Por ejemplo, la “palabra de sabiduría” era distinta a la “palabra de ciencia”. Por esta razón, Pablo escribió: “¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos? Procurad, pues, los dones mejores. Mas yo os muestro un camino aun más excelente” (1 Cor. 12:29-31).
 
5. Su duración fue limitada. Pablo escribió: “El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará” (1 Cor. 13:8). Los primeros cristianos sabían que los dones sobrenaturales dejarían de ser, se acabarían, y cesarían. Tales dones fueron dados para la revelación y confirmación de la verdad en el desarrollo de la iglesia naciente (cf. 1 Cor. 13:11), pero cuando la revelación fue completada, los dones ya no fueron necesarios.
 
Cuando la iglesia hubiese superado la niñez, lo que era “en parte” sería superado por la venida de “lo perfecto” (1 Cor. 13:10). La mirada “oscuramente” y “en parte”, es decir, velada como en un espejo metálico, sería superada por la visión “cara a cara” (1 Cor. 13:12). Por esta razón, Pablo admitía que en ese tiempo él conocía parcialmente, “ahora conozco en parte”; pero, cuando viniera “lo perfecto”, “conoceré como fue conocido” (1 Cor. 13:10,12).
 
Debido a que los apóstoles eran el vínculo entre el Espíritu Santo y la iglesia en la dispensación de los dones, la muerte de los apóstoles marcó la ruptura de dicho vínculo y el fin de los dones milagrosos.
 
La revelación completa y final de Dios está en la Biblia, y ya no necesitamos los dones espirituales. Además, hay dos razones por las cuales sabemos que los dones no están disponibles actualmente. En primer lugar, no hay apóstoles de Cristo que impongan sus manos para conferir algún don espiritual. En segundo lugar, ya no hay necesidad de alguna revelación que requiera ser confirmada.
 
6. El caso de Cornelio y los que estaban con él. Mientras el apóstol Pedro predicaba el evangelio “el Espíritu Santo cayó sobre todos los que oían el discurso” (Hech. 10:44). Lo que fue derramado del Espíritu Santo se llamó “el don del Espíritu Santo” (Hech. 10:45; cf. Hech. 8:18). Entonces, Cornelio, sus parientes y amigos más íntimos (Hech. 10:24) comenzaron a hablar en diversos idiomas (Hech. 10:46). Debido a que el don de hablar en lenguas era una señal “para los incrédulos” (1 Cor. 14:22), este derramamiento del Espíritu Santo tenía como propósito convencer a Pedro y a los otros judíos con él (Hech. 11:12) que Dios también concedía el arrepentimiento para vida a los gentiles (Hech. 11:17,18).
 
7. El bautismo en el Espíritu Santo y los dones espirituales no eran lo mismo. El bautismo del Espíritu Santo sobre los apóstoles de Cristo fue para capacitarles en la revelación del plan de redención a la humanidad (cf. Ef. 3:4,5). Jesucristo había prometido a los apóstoles que el Espíritu Santo los guiaría a toda la verdad y les recordaría lo que él les había enseñado (Jn. 14:26; 16:7,13). No hay evidencia bíblica para asumir que esta capacidad otorgada a los apóstoles haya sido recibida por otros cristianos en el primer siglo. Es más, podemos asumir sobre la base de lo que la Biblia enseña, que el Espíritu Santo en esa medida especial no fue prometido ni recibido por nadie más que los apóstoles de Cristo.
 
Los apóstoles de Cristo, mediante el bautismo en el Espíritu Santo, fueron capacitados para transmitir dones espirituales para que otros cristianos pudieran hablar con autoridad divina y realizar milagros confirmatorios (cf. Hech. 6:5,6; 6:8,10; 8:6,7,13; 8:18).  
 
Conclusión
 
Los dones espirituales pueden compararse con los andamios de una construcción en desarrollo. Se requieren para levantar el edificio. Pero, cuando ha finalizado la construcción del edificio, los andamios ya no son necesarios, han cumplido su propósito.
 
Que prestemos atención a lo que Dios ha dicho sobre los dones espirituales en su palabra, la Biblia. “En cuanto a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que seáis ignorantes” (1 Cor. 12:1, LBLA).