“El vino es escarnecedor, la sidra
alborotadora, y cualquiera que por ellos yerra no es sabio” (Prov. 20:1).
“Tus ojos mirarán cosas extrañas, y tu corazón
hablará perversidades” (Prov. 23:33).
“¡Ay del que da de
beber a su prójimo! ¡Ay de ti, que le acercas tu hiel, y le embriagas para
mirar su desnudez!” (Hab. 2:15).
“No os embriaguéis
con vino, en lo cual hay disolución; antes bien sed llenos del Espíritu”
(Ef. 5:18).
