Legalista



Por Josué I. Hernández
 

Si predicar la estricta obediencia a los mandamientos de Dios hace de alguien un “legalista”, Jesucristo se comportó como el más grande legalista. Detengámonos a pensar en esto.  
 
Mientras la ley estuvo vigente, el Señor instruyó a que se observara hasta el más mínimo detalle (Mat. 5:17-19), y esperaba que sus discípulos superaran a los fariseos en su justicia (Mat 5:20). Luego, llamó a sus discípulos a expresar su amor por él guardando sus mandamientos (Jn 14:15,21,23), prometió su amor y amistad a quienes guardaran sus mandamientos (Jn 15:10,14), y esperaba que discípulos de todas las naciones observaran todo lo que él había mandado (Mat 28:19-20). Pero antes de predicar la obediencia, él la practicaba (cf. Hech. 1:1). El Señor obedeció hasta la muerte (Fil. 2:8) sometido a cada detalle del plan de Dios (Jn. 4:34; 6:38; 8:29).
 
Si exigir la estricta observancia de los mandamientos de Dios convierte a alguien en legalista, los apóstoles también fueron legalistas. Por ejemplo, el apóstol Pablo enfatizó la importancia de guardar los mandamientos (1 Cor. 7:19; 1 Tes. 4:1-2), y el apóstol Juan hizo hincapié en el cumplimiento de los mandamientos (1 Jn 2:3-5; 3:22-24; 5:2-3).
 
Los primeros cristianos no fueron confundidos por algún falso concepto de la gracia divina. Entendían que por gracia somos salvos (Ef. 2:8), pero también entendían que no hay gracia para los desobedientes (Mat. 7:21-23). Por esta razón, enseñaron que la gracia de Dios exige trabajo, si no sería en vano (cf. 1 Cor. 15:10; 2 Cor. 6:1), y predicaban que la justificación por la gracia es conferida por la obediencia al evangelio de Cristo Jesús al unirnos a él en el bautismo (Gal. 3:26,27; cf. Rom. 6:4,5).
 
Los primeros cristianos entendieron que cuando alguno es bautizado en Cristo, el perdón le es conferido por gracia (cf. Ef. 1:7; Hech. 2:38; Mar. 16:16), porque el bautismo es “el lavamiento de regeneración… por su gracia” (Tito 3:4,5,7).
 
Si debemos conformarnos al ejemplo del Señor Jesucristo, y de esta manera, seguir sus pisadas (1 Ped. 2:21), debemos enfatizar la obediencia a los mandamientos de Dios. No hay gracia para los desobedientes (Heb. 5:9).